Puedo figurármela en el momento posterior
y me veo a mi mismo humillado desde aquí arriba por su ventaja.
¿Se habrá tirado finalmente antes que yo?
El hombre es un animal enajenado, que eternamente hará cargo de su condición de patético y miserable, al don de la razón.
Sí, a cierta hora siente una molestia: Esa idea obligada de tener que dormir.
Los ojos se le van cayendo y el cuerpo se le atonta, pero algo siempre hace que se dilate el momento de acostarse. Será que sabe bien que nunca es fácil y el mismo miedo a no poder dormir le provoca insomnio
Vellos incontables presenciaron el cumpleaños número cincuenta y tres de una señora.
Se tiene el diccionario de la Real Academia Española, o gran parte; una cascada de palabras y se posee directamente un océano lleno de moluscos y oraciones aguachentas.
El árbol de gris se vistió desaparentando cualquier inclinación al technicolor y sin concluir estación ni clima ni nada, bien vista la mujer se apoyó en él para sentirlo.- ¡Oh Sol que me embadurna de pegote cual tronco eyaculando savia!,- exclamó.
El perro de la vieja estiró la pata delante, y debajo dejó el charco amarillento, que en segundos se desaturó por completo hasta alcanzar el gris mas claro de todos los grises conocidos.
- ¡Oh Sol que me llena de brillo cual mosca que se posa en una rama!; ¡No dejes que el monocromo me absorba!- Movió una rama con el codo, rechinando ésta como una puerta vencida y los ojos de la mujer grisácea, grisáceos miraron el espectáculo de agudos avejentados. - ¡Yo lameré tus brázos mi cercano amigo, mi árbol adorado te lameré hasta que dejes de quejarte!, ¡te traeré el color de mi dios pero no me celes que soy tan tuya como mía!
Una nube bien gorda, prostituta, se posó delante del rey amarillo moviéndose lentamente.
- ¡Atrevida!, ¡atrevida!. ¡Me quitas a mi rey ni bien le doy la nuca!, yo que he de lamer las axilas de nuestro árbol, gris amigo, tengo que soportar el frío de tu presencia. ¡Arpía!
- Señora grisácea, yo me quedo con mi rey que es calor para mí en este instante; ya me voy, ya me esfumo y Él volverá a usted pero desgastado, impuro, insatisfecho por mi fugaz visita. Usted encárguese del gris y vencido, viejo, como usted, viejo, gris, vencido; que yo vuelo y floto y me alimento del brillo, de la luz amarillenta del rey. No se ofenda usted por favor que no es ni parecida mi intención.
Destornillándose la cabeza encontró dentro piezas lúdicas sueltas, la gran mayoría parte de un rompecabezas. El mayor enigma que se le presentó entonces fue el de sentirse gozoso frente a tal hallazgo, aquel sinfín de lazos rotos a punto de vomitar su parte más categórica.
No se trate de resucitar lo que está ya agusanado. En caso contrario el despliegue de lo trabajoso será el protagonista más redundante, y uno no querrá más que guardar silencio y mantener los ojos apretadísimos.
Puedo quebrarme y hacerme cenizas en segundos, como una foto recien quemada y es asi como me lleno de imágenes antiguas que florecen de adentro hacia mi piel. Soy un complejo desastre.
- Vos siempre me decías que eras infantil, que conservabas toda esa ingenuidad casi intacta.
A las siete a.m. es cuando abro la puerta y me acuerdo que ya no hay madre ni papá. Entro a la habitación y el desorden vuelve a acostumbrarme a no encontrar. Tiro mi bolso en el piso e inmediatamente me fundo con el día que va llenándose de calor y pegote.
No en vano un tierno rayo que asoma prefiere sugerir sin insistencias el contorno del iluminado.
Estaba de día pensando en que ya podría oscurecer y facilitarme el trabajo. La luz lo único que pudo hacer fue alumbrar el vació y el ruido de la máquina que lleva uno adentro se puso estridente.
El estómago se queja de hambre pero no hay ganas. Y es estar a solas con uno mismo el gran impedimento. La no meta. El abrazo del total desgano y la falta de todo lo necesario para hacer algo entero. Y si entonces piensa, como para sentir que no desperdicia tanto el tiempo, no hay mucho mas que una sola canción como reminiscencia de la memoria. Entonces la salida más loable es darse un golpe en la cabeza, estornudar, sonarse la nariz, y despues hacer algo frívolo. Recurrir a alguien, distraerse con un par de tinellis, sonreir y demás. Tratar de salir del cubo, pensar como aquellos que tanto aborrece. Pero en sí el secreto para no hundirse en un día nefasto es saber que el tiempo tambien puede ser aliado, si se logra manipularlo un poco, y hacer que el sol caiga no tan lento.
